El día 31 de enero fuimos, en compañía de padrinos, amigos y colaboradores a liberar a unos cuantos de nuestros “pacientes”. Quizá el más especial de todos ellos fue el que podéis ver en la foto: una Lechuza Campestre rehabilitada tras un disparo en una de sus alas. Ahí vemos a Hugo, su padrino (además de colaborador habitual en Brinzal) y a Raquel, liberándola.


¡y qué guapa era!. La pobre se quedó un poco bloqueada, como sin saber bien qué hacer, y es que fueron muchos contrastes en muy poco tiempo: de la instalación de Brinzal al transportín, pasando por el rato que tuvo que esperar hasta salir de camino y el viaje en sí, hasta que finalmente se sintió lanzada al aire libre, sin alhambres ni puertas, pero en una situación que hacía tiempo que no vivía. ¡No es para menos su confusión!. Pero, cómo no, se dió cuenta de que su nueva y auténtica vida ya no estaba de cara a nosotros, sino hacia el otro lado, y por fin giró, levantó de nuevo el vuelo y se alejó, ante los ojos de su padrino, su salvador en el campo, sus salvadores en Brinzal y el resto de observadores, cada cual aportando su granito de arena.