Yo, de pequeñito, tenía un sueño. No era un sueño ambicioso, ni tampoco el típico sueño que tienen los bebes mochuelos: yo quería ser astronauta. Ya sabéis: conocer otros mundos, volar muy lejos… porque aquí, en la Tierra, todo está patas arriba.
Bueno, me llamo Miagon, que antes no me presenté. Aunque soy chiquitito de tamaño, ya soy mayor. Cuando nací no conocí a mi mama, murió cuando yo era muy pequeño y mi papa se tuvo que buscar otra novia. Yo vivía con mi abuelo Tass. El siempre me contaba historias de cuando era joven.
Vivíamos en un olivar y nos llevábamos muy bien entre todos, pero había unos vecinos quisquillosos, los hombres, que nos acusaban de robarles las aceitunas. Una vez me conto mi abuelo que le cogieron y casi no lo cuenta. Nosotros echamos unas egagrópilas, ya sabéis, cuando comemos lo que no podemos digerir, los huesos, la cascara de los insectos, los pelos,… hacemos una pelotita y lo expulsamos por la boca. Los hombres pensaban que eran huesos de aceituna y por eso cogieron a mi abuelo. Pero él, que es el más rápido de todos los mochuelos, escapó!
Por eso yo quería ser astronauta. Me dijeron que en la Luna no hay humanos y allí viviría tranquilo.
Mi abuelo decía que era imposible, que no había ningún mochuelo astronauta en la historia. “Bueno,¡pues yo seré el primero!” le dije
Así que todos los días entrenaba un poquito. Ya se que los mochuelos no hacemos vuelos largos, pero yo me entrenaba.
Mi mejor amigo era Leo, el buitre leonado, el volaba muy alto pero no sabia porqué, y un día le dije.
“Leo, para ser astronauta tengo que poder volar tan alto como tu ¿como lo haces?”
“Cojo las corrientes de aire y me elevan y me elevan…”
“Y yo ¿puedo cogerlas?”
“No Miagon, tu eres una rapaz nocturna y vuelas por la noche… y por la noche no hay corrientes…”
“Pero yo soy muy madrugador…Leo: yo tengo que ser astronauta y ¡llegar a la Luna!”
“Eso es imposible. Además ¿por qué quieres ir a la Luna?”
“Porque este mundo esta patas arriba y yo no quiero vivir aquí. Me dan miedo los humanos, ya sabes que cogieron al abuelo“
“Pero no todos son malos, hay algunos que se preocupan por nosotros y por el planeta. ¡Busca y veras!”
“Mmmmm…..”
Un día decidí acercarme a uno de esos bloques grandes que los humanos llaman hogar. El abuelo me tenia dicho que no fuera por allí, que el aire que respiraban era malo, que los ruidos eran infernales y que había gigantes con ruedas que lo pisoteaban todo. Pero yo tenía que saber si lo que me había dicho Leo era verdad.
Me acerque muy despacito y cuando iba hacia un enorme cuadrado alguien me grito.
“¡Noooo, por ahí noooo! ¡Que es de cristaaaal!”
¡PAFF! ….demasiado tarde, ¡me di un buen cascarazo!
“¿Estás bien?”
“Mmmm… algo atolondrado, ¿tu quien eres?”
“Soy Pasi, el gorrión callejero ¿y tú?”
“Yo soy Miagon y quiero ser astronauta”
“Pues si que te has debido dar un buen golpe en la cabeza… ¿Que haces aquí?”
“Me han dicho que hay humanos buenos y he venido a buscarlos… y, si no los encuentro… me voy para la Luna. Oye ¿tu vives aquí con ellos?”
“Si, ya están acostumbrados a mi y yo a ellos. Son un poco guarretes y lo tiran todo. Así que yo picoteo allí, picoteo allá…”
“¡Buff, que asco!”
“Bueno Miagon, yo tengo que irme. Y, claro que hay humanos buenos, solo tienes que buscarlos. ¡Adiós! ¡Hasta pronto!”
“¡Adiós Passi!”
Seguí aleteando por aquel lugar tan gris. De repente, vi una enorme rotonda con un olivo en medio. Era como estar en mi casa, así que fuí directo hacia él cuando oí:
“¡Cuidado con el coche!”
¡Pataplaff! De nuevo demasiado tarde: esta vez caí en un sueño profundo.
¿Reacciona a la luz?
Si, parece que ya despierta
Cuando abrí los ojos había una enorme luz encima de mi cabeza. Dos individuos con bata y guantes blancos asomaban por ella.
Mmmm … debo estar en la Luna, he cumplido mi sueño. Pero ¿cómo he llegado aquí? ¡Ah.. si! Los humanos me echaron de su planeta, es imposible vivir con ellos, no quieren compartir. ..¡Uy! ¡que ser mas raro! me esta midiendo el ala, el pico… así que en la Luna hay vida…
Pasaron los días y yo seguía en aquella base espacial. Vivía en una capsula y todos los días me daban de comer mi comida preferida. De vez en cuando me hacían pruebas, claro eran extraterrestres y querían conocerlo todo de mí, pero ¡eran muy majos estos lunáticos!
Un día me sacaron fuera de la cápsula. Yo temía no poder respirar su aire, pero la atmosfera de la Luna era como la de la Tierra. Mmmm:¡aire fresco!
Pase una temporada allí con otros mochuelos de la Luna,¡que curioso! ¡eran muy parecidos a mi!. Un día me cogieron, me pusieron una anilla en la patita y me metieron en una caja de cartón . Nos fuimos de viaje y de repente ¡zas! Me lanzaron al aire y… ¿un olivar? ¿qué hago aquí?
“¡Miagon Miagon ¡ ¿estas bien?”
“¡Abuelo, he estado en la Luna!”
“No, Miagon, estas en casa”
“Pero…¡mira! aquellos son los extraterrestres que me cogieron!”
“No, Miagon. Esos son los de BRINZAL. Luchan por nosotros y nos curan, nos cuidan y protegen”
“¿Y son humanos?”
“¡Pues claro!”
“Entonces….¡he encontrado a los humanos buenos!…Ya no quiero ser astronauta. ¿Qué puedo ser ahora abuelo?”
“Pues mira, como a los mochuelos nos gusta corretear tanto, podrías dedicarte a rastrear. Buscar huellas e indicios en la Naturaleza y también buscar las cosas malas que hacen los humanos para enseñarles a cambiar”
“¿Enseñar a los humanos? ¿yo?”
“Si, Miagon, podemos empezar por los niños”
“Si, me gusta. A partir de ahora seré Miagon “El Mochuelo Rastreador”. ¡Ya verás cuando se lo diga a Ulises!”
Ulises es mi primo, que vive en Badajoz. El quería ser buzo, pero también lo dejó. Y juntos siempre decimos: “Como dice mi abuelo, sigue siempre el consejo de un sabio mochuelo”





