Con motivo del Día Mundial de las Aves Migratorias, nos acercamos a una rapaz nocturna que rompe algunos de los esquemas que asociamos a los búhos. El búho campestre (Asio flammeus) no solo se diferencia por sus hábitos parcialmente diurnos: también es un ave viajera, capaz de desplazarse grandes distancias y cambiar de territorio buscando disponibilidad de presas.
En Brinzal recibimos muy pocos ejemplares de esta especie, y no todos los años. Cuando ingresan, casi siempre lo hacen por traumatismos. Esta escasa presencia en nuestro Centro de recuperación no resta interés a una de las rapaces nocturnas más singulares de nuestros espacios abiertos.
6 curiosidades sobre el búho campestre
1. Es un búho que también caza de día
Aunque solemos asociar las rapaces nocturnas con la actividad nocturna, el búho campestre tiene hábitos parcialmente diurnos. Puede observarse cazando al final de la tarde e incluso durante el día, volando a poca altura sobre campos abiertos en busca de presas.
Su vuelo, con las alas largas y un movimiento ligero y ondulante, recuerda en ocasiones al de algunas rapaces diurnas.
2. No siempre vuelve al mismo lugar: es un ave nómada
El búho campestre es una especie de carácter nómada. Sus desplazamientos están estrechamente relacionados con la disponibilidad de alimento, por lo que puede aparecer en lugares donde las condiciones son favorables y desaparecer de ellos cuando dejan de serlo.
Por eso, su presencia puede variar mucho de un año a otro. Más que depender siempre de un territorio fijo, aprovecha las oportunidades que encuentra en el paisaje.

3. Sigue los movimientos de los topillos
Su alimentación se basa principalmente en pequeños mamíferos, especialmente topillos y ratones. Cuando las poblaciones de topillos experimentan explosiones demográficas, el búho campestre puede aprovechar esa abundancia para establecerse en una zona e incluso reproducirse.
Esta relación con sus presas ayuda a explicar por qué sus poblaciones y su distribución son tan fluctuantes. En definitiva, donde aumenta el alimento, pueden aumentar también las oportunidades para esta rapaz.
4. También es migratorio, aunque sus movimientos son complejos
El carácter nómada del búho campestre no excluye la migración. En Europa, parte de sus poblaciones se desplaza hacia latitudes más templadas durante el invierno. Algunos ejemplares llegan a la península ibérica desde el centro y el norte de Europa, y otros cruzan el estrecho de Gibraltar para invernar en África.
En España, su presencia se concentra especialmente durante el invierno, aunque también existen poblaciones reproductoras. La cantidad de ejemplares que encontramos puede cambiar notablemente según el año y la disponibilidad de presas.
5. Cría en el suelo, entre la vegetación
A diferencia de muchas aves que utilizan árboles, huecos o estructuras elevadas para instalar sus nidos, el búho campestre cría directamente en el suelo. Aprovecha pequeñas depresiones protegidas por hierba alta, carrizos u otra vegetación.
Esta estrategia encaja con su vida en espacios abiertos, pero también hace que los huevos y pollos sean vulnerables a determinadas actividades agrícolas y a los depredadores.
Los pollos crecen rápidamente: abandonan el entorno inmediato del nido antes de poder volar y continúan dependiendo de sus progenitores durante un tiempo.
6. Sus ojos amarillos y su vuelo ayudan a reconocerlo
El búho campestre tiene una cabeza relativamente pequeña, grandes ojos amarillos y un disco facial claro, enmarcado por manchas oscuras que le dan una expresión característica. Sus penachos cefálicos son muy cortos y apenas visibles, a diferencia de los del búho chico.
En vuelo destacan sus alas largas y estrechas, con una mancha negra muy visible en la parte inferior. Observarlo patrullando a baja altura sobre terrenos despejados puede ayudar a distinguirlo de otras rapaces nocturnas.

Conservar los espacios abiertos también es proteger al búho campestre
El búho campestre depende de paisajes abiertos donde encontrar alimento y refugio, como cultivos, pastizales, barbechos y humedales. La transformación de estos hábitats, el uso de rodenticidas y plaguicidas, los atropellos y los accidentes con tendidos eléctricos figuran entre las amenazas que pueden afectarlo.
Su vida nómada nos recuerda que conservar una especie no consiste únicamente en proteger un lugar concreto. También es necesario mantener una red de espacios adecuados, con alimento disponible y condiciones que permitan a las aves desplazarse y establecerse allí donde encuentran oportunidades.
En Brinzal, los pocos búhos campestres que llegan al Centro suelen hacerlo a consecuencia de traumatismos. Cada ingreso es una oportunidad para atender a un animal que forma parte de una especie estrechamente ligada a la dinámica de nuestros paisajes agrícolas.
En el Día Mundial de las Aves Migratorias, el búho campestre nos recuerda que viajar no siempre significa seguir una ruta fija: a veces, sobrevivir consiste en moverse allí donde la naturaleza ofrece una nueva oportunidad.

Esta actividad ha sido financiada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, pero no expresa la opinión del mismo.