Cada año, cientos de aves nacidas durante la primavera y el verano comienzan a abandonar sus nidos. Ya tienen plumas y son capaces de volar. Pero todavía les queda mucho por aprender. Crecer no significa ser independiente.

Abandonar el nido no significa ser independiente

Durante un tiempo, los jóvenes siguen dependiendo de sus progenitores mientras aprenden a desenvolverse en el medio: localizar alimento, conseguirlo, reconocer los peligros y encontrar lugares adecuados para descansar o refugiarse.

Es una etapa especialmente delicada y, en determinadas circunstancias, algunos juveniles no consiguen superar estos primeros días por sí mismos y terminan llegando debilitados a los centros de recuperación.

Aprender a sobrevivir

Para una persona que encuentra un ave joven puede resultar difícil entender que un animal capaz de volar pueda estar pasando hambre. Pero volar es solo una de las muchas habilidades que necesita para sobrevivir.

En el caso de las rapaces, el aprendizaje puede ser especialmente exigente. Un joven búho real (Bubo bubo) tiene que desarrollar progresivamente sus capacidades para localizar, perseguir y capturar presas. Algo parecido ocurre con especies de menor tamaño como el mochuelo (Athene noctua), que necesita aprender a desenvolverse y obtener alimento en un entorno que todavía está explorando.

Los chotacabras cuellirrojo y europeo plantean otras dificultades. Son aves muy especializadas, activas principalmente durante la noche, que dependen de la captura de insectos en vuelo. Para un juvenil, encontrar y aprovechar suficientes recursos requiere tiempo y experiencia.

Cada especie tiene sus propias estrategias y necesidades.

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Cuando el alimento no llega

En condiciones normales, los progenitores desempeñan un papel fundamental durante esta transición. Aunque el juvenil ya vuele y se desplace por su cuenta, pueden seguir alimentándolo mientras adquiere experiencia.

Pero algunas circunstancias pueden hacer que ese proceso se complique.

Un juvenil puede tener dificultades para encontrar suficiente alimento, perder el contacto con sus progenitores o enfrentarse a unas condiciones ambientales poco favorables. También puede existir una lesión o enfermedad que no resulte evidente a primera vista.

Cuando la ingesta de alimento no cubre las necesidades del organismo, el animal comienza a perder peso y puede acabar deshidratado y muy debilitado.

Es entonces cuando algunos de estos jóvenes llegan a nuestro Centro de Recuperación.

Desde un búho real hasta un gorrión

En Brinzal recibimos juveniles de especies muy diferentes que pueden encontrarse en esta situación.

Un búho real puede llegar con un peso muy inferior al esperado después de varios días sin conseguir capturar presas. Un mochuelo puede necesitar recuperar fuerzas antes de continuar su proceso de aprendizaje. Un chotacabras debilitado necesita unas condiciones y una alimentación adaptadas a una especie especializada en capturar insectos.

Y también recibimos aves mucho más comunes en nuestro entorno: gorriones, gaviotas, palomas torcaces, tórtolas o papamoscas cerrojillos.

Que una especie sea frecuente no significa que sus individuos sean menos vulnerables durante esta etapa.

Imagen choques contra ventanas 3

No todo juvenil necesita ayuda

Hay algo fundamental que debemos recordar: encontrar un ave joven fuera del nido no significa que esté abandonada.

Muchos volantones abandonan el nido antes de ser completamente independientes. Durante esos primeros días pueden permanecer en el suelo, entre la vegetación o en ramas bajas mientras sus progenitores siguen cerca y continúan alimentándolos.

Por eso, recoger automáticamente a cualquier juvenil puede hacer más daño que bien: podemos separarlo de unos padres que todavía se están ocupando de él.

La situación es diferente cuando observamos debilidad evidente, incapacidad para mantenerse en pie, falta de respuesta, deshidratación, pérdida importante de peso, lesiones o cualquier otro signo que indique que el animal no está en condiciones de desenvolverse con normalidad.

Ante la duda, lo más adecuado es consultar con un centro de recuperación de fauna antes de intervenir.

No intentes alimentarlo

Cuando vemos un animal joven debilitado, la reacción más habitual es intentar darle algo de comer.

Sin embargo, alimentar a un ave silvestre sin conocer sus necesidades puede ser peligroso. La dieta varía enormemente entre especies y un animal debilitado puede, además, no encontrarse en condiciones adecuadas para ingerir alimento, incluso si es el adecuado.

Por eso, si encontramos un juvenil que realmente necesita ayuda, no debemos darle comida, agua ni medicamentos por nuestra cuenta. Lo más importante es mantenerlo tranquilo y contactar con un centro especializado que pueda valorar su estado y determinar qué necesita.

Recuperarse también significa aprender

La recuperación de estos animales no termina cuando recuperan un peso adecuado.

En un centro especializado hay que valorar si el animal está preparado para volver a desarrollar una vida independiente: alimentarse por sí mismo, desplazarse con normalidad y desarrollar las conductas propias de su especie.

En algunas especies, especialmente en las rapaces, este aprendizaje resulta fundamental para que una liberación tenga garantías. El objetivo no es simplemente que el animal esté sano, sino que tenga las capacidades necesarias para sobrevivir una vez que vuelva a la naturaleza.

Porque crecer no significa hacerse independiente de un día para otro.

Entre abandonar el nido y ser capaz de sobrevivir por sí mismo existe todo un proceso de aprendizaje que no siempre es exitoso.

Imagen Videovigilancia aplicada a la rehabilitación de rapaces nocturnas 2

Esta actividad ha sido financiada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, pero no expresa la opinión del mismo.